02 abril 2007

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Volvía del trabajo dando una vuelta con la moto. Debían ser las cinco de la tarde y decidí pasar por delante de mi antiguo colegio, que dicho sea de paso no está de camino. Hoy ha hecho en Madrid un día de esos que no terminan de prometer nada bueno y amenazan con encapotarse pero que al final se convierten en espléndidos días de primavera. Quizás fuera tan solo mi estado de ánimo y el tiempo fuera exactamente el mismo que estos días de atrás. El semáforo de Agustín de Betancourt estaba rojo, así que me detuve y pude viajar en el tiempo por un momento. Apoyada en la verja del colegio había una chica de unos diecisiete años, tal vez menos, leyendo un libro. Esperaba. Como ella, mucha gente antes ha esperado en ese mismo lugar. Como ella, mucha gente ha tenido diecisiete años y los ha llenado de sueños. Intenté inútilmente identificarla detrás de su flequillo, pero ya no están de moda los vaqueros altos, y las Converse que calzaba de color verde no tenían más de tres meses, muy pocos kilómetros como para mirar hacia atrás. Me imaginé hace mucho tiempo, esperando en ese mismo lugar a que apareciera Elisa detrás de la esquina. Por supuesto hacía ya un buen rato que se había puesto el semáforo verde y me pitaron desde atrás, al oír la pitada la chica de la verja me miró y se fue hasta hace trece años a buscar entre mis sueños algún pedazo que coser.

Audio:: IpanemaII – Quid Essential

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