24 octubre 2007

Las casualidades

Ayer al salir del curro estaba bastante aburrido en hotel así que decidí salir a darme una vuelta con la cámara y aprovechar para hacer alguna foto curiosa. Empecé yendo al puente romano, porque tenía ganas de sacar una foto del Guadalquivir para ponerla junto con otra que hice del Ebro. Sin embargo resulta que el puente romano está siendo rehabilitado por lo que no se puede atravesar, así que mi determinación artística se vino abajo ante la primera dificultad. Sin puente no hay río. Ni vistas de la mezquita desde la otra orilla. Nada de nada. En ese momento decidí que mi actitud artística no conducía a nada y que me merecía un whopper, un whopper de esos bohemios que alimentan el espíritu. Caminé resuelto hacia el establecimiento que vende semejantes hamburguesas, que se encuentra en uno de los laterales frente a la Mezquita, y en estas que yendo hacia allí me detuve ante una imagen de la vírgen que mereció mi atención. Muy sosa, sin ninguna parafernalia pero con velitas encendidas a los pies de la imagen, no pude resistirme a sacar la cámara y empezar a hacer fotos raras. De lado, de frente, a velocidad lenta, a velocidad rápida, lo típico, como un friki haciendo mil fotos de una nada fotografiable "madonnina". Y ahí empieza en realidad la casualidad. Que de repente se me acerca una chica de penetrante mirada felina y me saluda. Yo tardé varios segundos en reaccionar, primero con extrañeza y luego con estupor. Se trataba nada menos que de Roberta, una napolitana que acabó la noche del sábado pasado tomando un café en mi casa, junto con otra chica y Manuel. Me quedé boquiabierto con la cámara tan colgada del cuello como la baba de la comisura derecha de la boca. Reacciona Albè... así que hubo que improvisar el saludo, y excusarme por haberme quedado el sábado como un tronco nada más pisar mi casa, fue llegar y le dije a Manuel "esto del café ya lo gestionas tú, que yo estoy que me muero", dicho y hecho estaba en la cama roncando. Lo bonito de esta historia es que Roberta me estuvo contando qué hacía en Córdoba, qué había hecho todo el año pasado, qué había estudiado, qué quería hacer con su vida, y las mil dudas que la asaltaban... y fue bonito porque normalmente con mucha gente resulta muy dificil llegar a ese grado de cercanía que se le supone a los amigos, y sin embargo aquella medio desconocida y yo estuvimos muy a gusto tomando no ya un whopper sino cañas y salmorejo, cañas y flamenquines, cañas y boquerones, cañas y gambas y ya era demasiado cañear para cuando nos despedimos. Lamentablemente ella juega en la liga de las chicas que tienen novia. En todo caso fue una gran velada.

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1 Comments:

At 24 de octubre de 2007, 20:39, Blogger Bab said...

esta columna es buenísima! peazo de crack!

 

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